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Mostrando entradas de septiembre, 2024

La danza de la roca enana

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Una roca enana canta y danza desde el firmamento, desciende las penínsulas y se entretiene con la mirada del loco que sostiene el día en sus espaldas claras mientras insulta al cielo y reta al poderoso desde su desnudez gris y tumefacta. Entonces llegas tú, pisando apenas los plumones del atardecer y antes de meterte en mi cama   te detienes en la puerta del cuarto, soñando con la luna y sus cuernos La roca enana se tuerce en el aire, baila grita, alborota,  pinta de rigidez las bocas de las damas, hace equilibrio en los bordes de los abanicos y se hunde en la muerte para crear las raíces de la vida. Entonces vuelves tú, con la túnica blanca, los pies desnudos y las manos silentes que anuncian nubes pardas, nubes azules y verdes que escapan de tus dedos y a tu paso se llena el aire de cuadrados insectos que te brindan la esencia de las cosas con la forma de un canto. La roca enana regresa a su cubil cuando la aurora arroja sus ballenas de luz en el aire del día y los...

Variaciones sobre extraños amantes

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 Fusión de estilos: Melquíades Herrera y Arte Chamánico.   El murciélago atraviesa el sereno atardecer.  Se dirige a tu ventana abierta,  observa tu sueño,  lo absorbe con su pequeña boca y lo lleva al amanecer que se levanta al otro lado del mundo.    Serena, durmiente,  sin sábanas por el calor;  una curva  se inicia en tu pelo y  termina en tus pies  mientras los pájaros de tu respirar forman bandadas que se marchan hacia un sur intangible, donde nadan los róbalos de la memoria,  los tiburones del olvido y las sirenas que custodian y atraviesan los éxtasis  en tus entrañas   En la noche siguiente, el murciélago recogerá los fantasmas  de tu cuerpo dormido; esas formas etéreas que se enredaran en la alfombra de la noche.    Después tomará las riendas de tu diurno andar y recorrerá el pueblo  con la figura espectral, lenta; la que emerge de las bahías y de las penínsulas de tu inmovilida...

Himno glorioso de los nidos

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  Construiré un nido en la casa abandonada entre las sombras de quienes rieron, lloraron o se sumergieron  en aguas de silencio Los fantasmas de la casa abandonada  no verán nuestros cuerpos ceñirse sobre el cepo de los días, adherirse a los bordes de la carne, penetrar la oscuridad silente.    Construiremos el nido con cuatro entradas,  ocho salidas: siete en las paredes, una en el techo que en vez de abrirse al cielo raso ceniciento; revelará  un firmamento azul cargado de diademas,   olvidos y gaviotas. Te espero con tu vestido rojo, menuda, sin zapatos para encontrar la tierra más allá  de mosaicos y cárceles,   Cantos gloriosos de los nidos, remembranzas de tenues buitres  listos a devorar  la carne del lamento y marchar en procesión hacia la noche.  Canto glorioso de los nidos que abriremos al sol.    GOCHO VERSOLARI Himno glorioso de los nidos 08/09/2024 2409089350545 Todos los derechos reservados SAF...

Notas sinfónicas sobre la muerte y el sol

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  Los pájaros,  los colores,  una parte de mi diafragma advierten que palpita una muerte violenta sobre la serenidad de los crepúsculos Si pudiera rasgar una parte del cenit llovería sangre por eternidades.  Diluvio de gemidos de dolores ocultos que asomaría por los ojos de los moribundos cargados de rosas y metralla.  Al mediodía caminarás descalza por la orilla del río; te subirás la falda al llegar al remanso, y tus pies estarán a pulgadas de los coágulos de los pantanos rojos,  de la fila de muertos que atardece  que amanece y se ensancha;  hilera de cadáveres con sus propias alas Ellos aprendieron a volar Volviendo a tu casa pasarás por la mía y de tu desnudez  caerá un poco de tristeza amarilla cuando muerda los pequeños buitres de tus pies con lo cálidos enjambres de mi azur.  Esa tristeza,  melancolía casi imperceptible, te hará mi cómplice.  Me dirá que tienes noticias de la sangre, que la intuyes,  que por encima...

Gavota para un vuelo sin límites - Primer poema.

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  Por fin logro atravesar las cosas y los seres,  desplegar planchas de cielo sobre las pieles inestables de los mares; sobre rampantes muñecas que se rompen al llegar la mañana.  Vuelo sin ataduras y el espacio abre sus bocas repletas de prosapias agudas, de agujas que se apagan  de deseos, de panes y pelucas,   Vuelo sin límites y todos los espacios me reciben  mientras cuelgan del muro vertical las gotas que modulan este cosmos inaugurado recién por mi saliva.    Corro conejos invisibles mientras el regurgitar del día sueña suspiros, caracoles   y moscas y los mundos que se destruyen se recrean con el batir de mis manos membranosas,  con vislumbrar apenas  los sueños de mis inmensidades; con vestir un sombrero agudo y redondeado y beber parsimonioso  el propio sol.  GOCHO VERSOLARI Gavota para un vuelo sin límites - (Primer poema) 05/09/2024 2409059325160 Todos los derechos reservados     SAFE CREATIVE

Staccato

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   Entre cascabeles el día abre horizontes, incendia sabanas y pone a dormir  los dolores antiguos detrás de las cumbres remotas,  los ríos olvidados;  las lánguidas  miradas becerriles.   Suenan los cascabeles con sonidos azules,  con maracas y panes, con silencios y gritos en el extraño coágulo del atardecer detenido,  suspendido.   La blanca silueta de tus pies descalzos inaugura becerros blancos en la hierba de agosto.  En la humedad de la mañana tus plantas desnudas dejan huellas arcanas de las que emerge una música  que de escucharla nos llevaría al caos y a la sombra mientras nuestros espíritus modularían mundos, alboradas,  silencios llenando la mañana; para disolver el sol     Vuelvo a escuchar los cascabeles de este cielo  cargado de hierbas y de monstruos repleto de amarillos pesares y esperanzas magentas.  Tus pies se alejan. La mañana se cubre de magnolias y de águilas, de panes y pesares, ...

Gavota para un vuelo sin límites - Segundo poema

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Extrañaré alguna vez esa tristeza perfumada que destilaba tu desnudez. Evocaré las mariposas que emergían saltarinas de tu piel suave al contacto con mis dedos; los mediodías en los que guisabas. Entonces te pedía  que te quitaras el mandil para perderme en tu cintura,  para amanecer sobre tus pies capaces de romper las capas del asfalto y llegar hasta los orígenes del mundo para rectificar embriones de  horizontes y elaborar un nuevo pan  con que podamos acceder a las cosas  a la vida al sol.    Y mientras pienso en ti,  el vuelo sin límites ni rostros  ni sueños ni chasquidos,  se profundiza en los corazones de la atmósfera; cae a un lado  cae al otro como un muñeco bamboleante dispuesto a atravesar la carne del final  y del principio unidos como una serpiente circular que devorara su cuerpo desde siempre que nos observara con sus ojos fríos,  testigos de innumerables muertes,  de nacimientos incontables.  ...

Sangrante caramelo de silencio (A modo de Réquiem)

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   Alguna vez me hablaron  de un poeta prohibido por ser triste: vivía y transfundía la amargura a otros poetas,  a  peces,  a panes,  a vendedores de periódicos; a las moscas y las sillas del café barato donde los vates se reunían escapando de los dientes filosos de la tarde.  Ese poeta era tan triste que los otros  dejaron de invitarlo a los cenáculos, dejaron de leer sus versos negros aunque reconocían el talento. Entonces, los hemistiquios y las rimas se filtraban por las cerradas nubes del invierno.  El vate que moría de tristeza se marchó una tarde.  No respondió llamadas. Simplemente no estuvo Su cuerpo transido dejó de torturar las calles; de arrebatar palomas negras al silencio.  Un familiar oscuro denunció la pérdida. No había cadáveres con las manos alzadas. No había notas  ni fúnebres canciones. No había sombras o luces del ausente.  No se llevó la ropa,  No se llevó las tardes.  Simplemente no e...