Gavota para un vuelo sin límites - Segundo poema
Extrañaré alguna vez esa tristeza perfumada
que destilaba tu desnudez. Evocaré
las mariposas que emergían saltarinas
de tu piel suave al contacto con mis dedos;
los mediodías en los que guisabas.
Entonces te pedía
que te quitaras el mandil
para perderme en tu cintura,
para amanecer sobre tus pies
capaces de romper las capas del asfalto
y llegar hasta los orígenes del mundo
para rectificar embriones de horizontes
y elaborar un nuevo pan
con que podamos acceder a las cosas
a la vida
al sol.
Y mientras pienso en ti,
el vuelo sin límites ni rostros
ni sueños ni chasquidos,
se profundiza en los corazones de la atmósfera;
cae a un lado
cae al otro
como un muñeco bamboleante
dispuesto a atravesar la carne del final
y del principio
unidos como una serpiente circular
que devorara su cuerpo desde siempre
que nos observara con sus ojos fríos,
testigos de innumerables muertes,
de nacimientos incontables.
Cae la tarde. El crepúsculo
se inaugura a si mismo
y el Allegro del vuelo
deriva en un andante circular
que me lleva en silencio
a los aglutinados buitres luminosos
de la inmensidad.
GOCHO VERSOLARI




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