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Variaciones sobre un lejano abrazo

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  No te rindas  me dices con tu nariz cerca de mi boca y  tu cuerpo al calor de mi piel. No te rindas , repites mientras mi cuerpo se derrama en la transpiración de junio y se convierte en arroyo, en quebrada y en río murmurante que arrastra troncos, lejanías y panes.  Alego que podríamos sentarnos alrededor de la mesa familiar: abuelo, abuela partiendo el pan de las doce. El sol golpearía los bruñidos tenedores, se detendría en tus rizos, en las huellas que tus descalzos pies dejaran en la humedad del patio. En cambio, permanecemos en este desencuentro, mezclado con la eternidad y con las hojas del otoño;  sólo esperamos el lejano abrazo, macerado en el hielo de los cielos que para vivir sólo requiere una pizca de calor y el sacrificio de un sólo pájaro en la primavera Siéntate a mi lado. Aguardemos que aúllen las estrellas. GOCHO VERSOLARI Variaciones sobre un lejano abrazo 31/01/2025 2501310767723 Todos los derechos reservados SAFE CREATIVE

Réquiem descalzo

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  De tu partida  sólo recuerdo tus pies: adormilados, leves. Tus empeines pasando del blanco al rojo y al magenta al recibir el abrazo del crepúsculo.   Atardecida,  desnuda desde dentro,  perforaste la puerta y la ventana con tu partida.    Tu ropa, tus zapatos  quedaron silenciosos en el cuarto donde los cocodrilos de la noche llenarían de angustia los roperos.    y caminaste el mundo descalza, despojada sin rubor ni labial,  y los cabellos azules hasta la cintura, y el vestido leve en pleno invierno, abrigada tan sólo con los gemidos que llegaban  del fondo de la tierra donde una anciana agonizante conocía tu nombre y te llamaba Ahora diciembre se queda sin semillas sin panes ni recuerdos mientras tus plantas acarician la tierra y el hielo,  el ancho de la noche y una multitud de ósculos tardíos se trepa a tu pulso,  a tu mirada,  a tu seno derecho y a tu paz.    GOCHO VERSOLARI Réquiem Descalzo 20/1...

Pequeña sinfonía de la vida y la muerte

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  Unos mueren Otros nacen y entre los que llegan y los que se marchan se dibuja un signo extraño,  antiguo,  repleto de ausentes y presentes,  de espectros y de soles, de lunas y alboradas.    Si pudiera descifrar el caligrama de la vida y la muerte entendería la simpleza y la complejidad del pétalo que sostengo en mi índice,  la profundidad húmeda de tus huellas descalzas sobre el barro de la madrugada y la tibieza de tu piel  bajo el barco redondo de la tarde   De conocer el sentido de ese signo que trazan los atardeceres de la muerte y de la vida podría entrar en tu alma, resucitar los buitres de tu pubis,  elevar las palomas de tu sexo,  arengar el ejército  de  orangutanes diminutos que arroja tu corazón en cada golpe.    El crepúsculo rodea de un halo tornasol tu figura descalza en el jardín    Sobre el horizonte una multitud se prepara a morir, otra a nacer  y entre ambas resuena esa trompet...

Rapsodia de nuevos orígenes

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   Engendro al nuevo.  A los nuevos.  Generaciones que flamean,  que destellan emergen de cada uno de mis versos  y al compás de los cuernos tonantes toman el cielo aglutinado y las bestias fantasmas que rampan la alborada. Engendro al nuevo. A los nuevos que entre olas amnióticas arrastran los tapices de la tarde y te saludan mientras duermes aterida,  tibia,  suave   como las esquinas de las nubes cuando emprenden el sencillo trámite de acuchillar el cielo,  caer en la locura y regresar entre rápidos y madrugadas a aquellos callejones transidos de sangre y de buitres luminosos.  Engendro al nuevo. A los nuevos que marcharán las calles de la aurora con los ojos perdidos en la multitud de mundos que guarda la brisa, que engendra el asfalto, que esconde la roca y la ternura de aquel que recién nace  a la sombra de un colmillo enorme.    Yo mismo nazco. Me abalanzo.  Me lleno de realidad la boca y la tarde que pret...

Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina

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La vieja dama se sienta en el orinal del mundo como en el trono de una reina. Allí  mastica agua e insiste en que es literatura. Al ponerse la tarde, avanza la anciana  entre fantasmas de perros desnutridos y   aquelarres de metáforas silentes. Un férreo collar de adverbios y adjetivos rodea su cuello:  tiara de nietos espectrales y cuadrados abismos. Cuando el atardecer se arroja en espirales, la anciana  deja que sonoras imágenes con manos y con bocas  la conduzcan al destierro de la noche. A veces  se vuelve basilisco y patea y muerde, y hay sirenas y luces y hay bomberos con palos y cadenas. Nadie encuentra la forma de los versos que la anciana perdiera en un abril cuando cumpliera treinta años.  La vieja dama se convierte en dragón a eso de las cuatro; entonces sigue masticando agua, mientras levanta la cabeza y jura a las estrellas  que hace literatura. GOCHO VERSOLARI Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina 17/...

Poema sinfónico sobre la lentitud de los ocasos y el galope de tus senos

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  Si pudiera fundirme entre  los versos, navegaría hacia tus horizontes llenos de pájaros y soles, y las palabras  ampliarían  su vocación de símbolos y se harían canoas, pájaros; silencios  atorados en el hígado del tiempo. Llegarás pisando las palabras y la lentitud de los ocasos galopará tus senos y tu vientre y el escorzo de tus pies y la pelambre del animal lento en que siempre se convierten tus abrazos.  Rugiente enloquecida, me apretarás contra ti. luego de siglos o milenios de sostener el corazón del mundo.  Haz que mis versos revivan como niños desiertos; refunda  su esperanza cuando la tarde agoste aves y se abalance desde un azur innominado al abismo rojizo de tu ombligo GOCHO VERSOLARI Poema sinfónico sobre la lentitud de los ocasos y el galope de tus senos 04/11/2024 2411040010108 Todos los derechos reservados SAFE CREATIVE     

Pavana para el alma

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  Mientras rocas antiguas tapizaban la tarde le proponías matrimonio a tu alma con la forma de una joven descalza y silenciosa En su cabeza una tiara de joyas;   los ojos fijos en el crepúsculo de Jonia. Serpientes en la tarde devoraban sus   colas y se detenían al llegar a las cabezas. Después fueron lanzas. Después corrió la sangre Tomaron cautivas a tus gentes y tu alma siguió sentada en el salado túmulo observando el crepúsculo perenne. Llegarás en silencio arrastrando el cachalote de tus años; la verás a lo lejos con su vestido blanco. Rojos dragones de los cielos volcarán su sangre  en tu cuarta costilla. Después le quitarás la tiara y ceñirás su espalda y su cintura. Avanzará el crepúsculo y llegará la noche. Sobre el Mediterráneo los cuatro pies de un animal humano dejarán huellas en las rocas y sólo quedará un eco y un perfume y un pájaro de anchas alas  de poderoso  pico  que se tienda a la luna . Que pregone y despliegue con su canto la fért...