Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina
La vieja dama
se sienta en el orinal del mundocomo en el trono de una reina.
Allí mastica agua
e insiste en que es literatura.
Al ponerse la tarde,
avanza la anciana
entre fantasmas de perros desnutridos
y aquelarres de metáforas silentes.
Un férreo collar de adverbios y adjetivos
rodea su cuello:
tiara de nietos espectrales
y cuadrados abismos.
Cuando el atardecer se arroja en espirales,
la anciana deja que sonoras imágenes
con manos y con bocas
la conduzcan al destierro de la noche.
A veces se vuelve basilisco
y patea y muerde, y hay sirenas y luces
y hay bomberos con palos y cadenas.
Nadie encuentra la forma de los versos
que la anciana perdiera en un abril
cuando cumpliera treinta años.
La vieja dama
se convierte en dragón a eso de las cuatro;
entonces sigue masticando agua,
mientras levanta la cabeza y jura a las estrellas
que hace literatura.
GOCHO VERSOLARI
Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina





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