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Rapsodia de nuevos orígenes

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   Engendro al nuevo.  A los nuevos.  Generaciones que flamean,  que destellan emergen de cada uno de mis versos  y al compás de los cuernos tonantes toman el cielo aglutinado y las bestias fantasmas que rampan la alborada. Engendro al nuevo. A los nuevos que entre olas amnióticas arrastran los tapices de la tarde y te saludan mientras duermes aterida,  tibia,  suave   como las esquinas de las nubes cuando emprenden el sencillo trámite de acuchillar el cielo,  caer en la locura y regresar entre rápidos y madrugadas a aquellos callejones transidos de sangre y de buitres luminosos.  Engendro al nuevo. A los nuevos que marcharán las calles de la aurora con los ojos perdidos en la multitud de mundos que guarda la brisa, que engendra el asfalto, que esconde la roca y la ternura de aquel que recién nace  a la sombra de un colmillo enorme.    Yo mismo nazco. Me abalanzo.  Me lleno de realidad la boca y la tarde que pret...

Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina

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La vieja dama se sienta en el orinal del mundo como en el trono de una reina. Allí  mastica agua e insiste en que es literatura. Al ponerse la tarde, avanza la anciana  entre fantasmas de perros desnutridos y   aquelarres de metáforas silentes. Un férreo collar de adverbios y adjetivos rodea su cuello:  tiara de nietos espectrales y cuadrados abismos. Cuando el atardecer se arroja en espirales, la anciana  deja que sonoras imágenes con manos y con bocas  la conduzcan al destierro de la noche. A veces  se vuelve basilisco y patea y muerde, y hay sirenas y luces y hay bomberos con palos y cadenas. Nadie encuentra la forma de los versos que la anciana perdiera en un abril cuando cumpliera treinta años.  La vieja dama se convierte en dragón a eso de las cuatro; entonces sigue masticando agua, mientras levanta la cabeza y jura a las estrellas  que hace literatura. GOCHO VERSOLARI Bailoteo armónico en las proximidades de una escritora argentina 17/...

Poema sinfónico sobre la lentitud de los ocasos y el galope de tus senos

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  Si pudiera fundirme entre  los versos, navegaría hacia tus horizontes llenos de pájaros y soles, y las palabras  ampliarían  su vocación de símbolos y se harían canoas, pájaros; silencios  atorados en el hígado del tiempo. Llegarás pisando las palabras y la lentitud de los ocasos galopará tus senos y tu vientre y el escorzo de tus pies y la pelambre del animal lento en que siempre se convierten tus abrazos.  Rugiente enloquecida, me apretarás contra ti. luego de siglos o milenios de sostener el corazón del mundo.  Haz que mis versos revivan como niños desiertos; refunda  su esperanza cuando la tarde agoste aves y se abalance desde un azur innominado al abismo rojizo de tu ombligo GOCHO VERSOLARI Poema sinfónico sobre la lentitud de los ocasos y el galope de tus senos 04/11/2024 2411040010108 Todos los derechos reservados SAFE CREATIVE     

Pavana para el alma

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  Mientras rocas antiguas tapizaban la tarde le proponías matrimonio a tu alma con la forma de una joven descalza y silenciosa En su cabeza una tiara de joyas;   los ojos fijos en el crepúsculo de Jonia. Serpientes en la tarde devoraban sus   colas y se detenían al llegar a las cabezas. Después fueron lanzas. Después corrió la sangre Tomaron cautivas a tus gentes y tu alma siguió sentada en el salado túmulo observando el crepúsculo perenne. Llegarás en silencio arrastrando el cachalote de tus años; la verás a lo lejos con su vestido blanco. Rojos dragones de los cielos volcarán su sangre  en tu cuarta costilla. Después le quitarás la tiara y ceñirás su espalda y su cintura. Avanzará el crepúsculo y llegará la noche. Sobre el Mediterráneo los cuatro pies de un animal humano dejarán huellas en las rocas y sólo quedará un eco y un perfume y un pájaro de anchas alas  de poderoso  pico  que se tienda a la luna . Que pregone y despliegue con su canto la fért...

El universo que te habita (Sinfonía)

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  Blandía la tarde el suave garrote de la luz, cuando entré a tus órganos: En cada uno de ellos, un sol enarbolaba trinos y tu cuerpo que ardía; que brillaba por dentro; que flameaba por fuera.  Bebí entonces  la luz fría de tus astros y me llené de tus pequeñas réplicas; corriste por mi sangre,  atrapando reptiles,  acariciando ríos,  llenando de puentes la carne de la tarde.    Llegaste a mis entrañas  con tu sorbete mítico y bebiste mis monstruos uno a uno.  Me llevaste a tu mundo;  nos enredamos  en una falsa guerra de muñecos, en un mundo heráldico donde los colores vibraban al revés; donde al mirarlos los pájaros se engendraban a sí mismos; nacían colmados  de lejanías y dolores y destruían las pocas barreras que aún guardaban  tus amaneceres  tus crepúsculos.    Cuando nos encontramos  o nos separamos se destruyen y esparcen las dulces y amargas piñatas  de la melancolía; sobre nuestras...

Improvisación melódica del ocio

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  El ocio me acecha desde la oscuridad del cuarto en el sitio donde la luz se adelgaza apenas,  donde la  osamenta emite su sombra leve, allí me dice ven y ven y ven, entrégate a mis brazos y recuerda el pasado cuando el sol caía sobre los patios y la vida se deslizaba como una tarde Ven y ven atraviesa las ventanas, disuelve los vidrios recuéstate, cierra los ojos y déjate llevar por el silencio; el silencio: pez enorme inmóvil que se olvidara de nadar, de buscar gotas de humedad en las secas tardes de abril Ven y ven como un cuadrado caballo viejo que se tiende en el crepúsculo y que nos alcanza un jirón de su vientre, un suspiro, una gota de sudor que cabe en un vaso de Vodka. Ven y ven dice el ocio prometiendo muebles para la sala de adentro, y  púas para los sillones azules e invitados fantasmas que caminen descalzos en la hora del té.  Mira la redondez de la noche, me dice el ocio; acuéstate debajo de los árboles y observa danzar a las estrellas. GOCHO VER...

Introito hereje sobre el destino

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  Caminaste descalza los últimos cien metros de la ladera con tu falda blanca, tu delantal azul y el destino embozado en unas pocas nubes negras de aquel gran mediodía. Después el almuerzo y el tintinear de tus pulseras que tu madre juzgara escandalosas cuando el prieto aquelarre de la tarde preparaba sus jugos. No viste al destino recogido, escondido en las brumas de la introspección de una anciana que a partir de las dos todos los días acudía a rezar al quinto banco a contar de la puerta dorada de esa iglesia que en alguna era llegaría a basílica.    Alguien mencionó el velorio de tu padre Alguien habló del suero de su carne, de las manos cruzadas no en el pecho sino arriba del vientre, alguien habló de su locura.    En el momento de marcharse se irían con él todas sus hijas como en una  penitente procesión: descalzas, con cirios en las manos y rumores de pesadumbre en los oídos.  Ahora La tarde se llena de gorgojos de luz. Anuncian el azul tornado d...