Introito hereje sobre el destino

 





Caminaste descalza los últimos cien metros de la ladera
con tu falda blanca, tu delantal azul
y el destino embozado en unas pocas nubes negras
de aquel gran mediodía.




Después el almuerzo y el tintinear de tus pulseras
que tu madre juzgara escandalosas
cuando el prieto aquelarre de la tarde
preparaba sus jugos. No viste al destino recogido, escondido en las brumas de la introspección
de una anciana que a partir de las dos
todos los días
acudía a rezar al quinto banco
a contar de la puerta dorada de esa iglesia
que en alguna era llegaría a basílica. 



 
Alguien mencionó el velorio de tu padre
Alguien habló del suero de su carne,
de las manos cruzadas no en el pecho
sino arriba del vientre,
alguien habló de su locura. 



 
En el momento de marcharse
se irían con él todas sus hijas
como en una  penitente procesión: descalzas, con cirios en las manos
y rumores de pesadumbre en los oídos. 

Ahora
La tarde se llena de gorgojos de luz. Anuncian
el azul tornado del crepúsculo. El destino
espera paciente como todo destino
a que cortes el pan,
que beses a tu hermano
y que prepares el cuarto de soltera
para recibir a tu amante de las doce. 




 
Entonces
las hormigas se detendrán un solo instante. La luna
se descolgará de la cuarta viga. El lago yerto
se preparará como un desnudo vientre
a recibir tu carne. El destino
mirará tu cuerpo inmóvil,
tus piernas desnudas; un seno mutilado
que asoma por la blusa.

Luego se marchará por los senderos
como un deslizarse de las ramas,
  silencio de grillos
 manotazo de las constelaciones
en la crin de su potro;
en el beso del sol; en tus ojos abiertos; en tus pulseras
que ya dejaron de sonar.



GOCHO VERSOLARI


Introito hereje sobre el destino
08/10/2024
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