El universo que te habita (Sinfonía)
el suave garrote de la luz,
cuando entré a tus órganos:
En cada uno de ellos,
un sol enarbolaba trinos
y tu cuerpo que ardía;
que brillaba por dentro;
que flameaba por fuera.
Bebí entonces
la luz fría de tus astros
y me llené de tus pequeñas réplicas;
corriste por mi sangre,
atrapando reptiles,
acariciando ríos,
llenando de puentes la carne de la tarde.
Llegaste a mis entrañas
con tu sorbete mítico
y bebiste mis monstruos uno a uno.
Me llevaste a tu mundo;
nos enredamos
en una falsa guerra de muñecos,
en un mundo heráldico donde los colores
vibraban al revés; donde al mirarlos
los pájaros se engendraban a sí mismos;
nacían colmados
de lejanías y dolores
y destruían las pocas barreras que aún guardaban
tus amaneceres
tus crepúsculos.
Cuando nos encontramos
o nos separamos se destruyen y esparcen
las dulces y amargas piñatas
de la melancolía;
sobre nuestras cabezas
caen los universos
en los que nacimos y morimos
sin hallarnos.
Entonces los mundos vibran
aletean
encerrados en las invisibles bolsas
que cargamos en los hombros
Y no dejamos de amarnos
en la glorieta azul,
bajo glicinas
bajo marismas,
en los profundos cenotes
repletos de cadáveres antiguos;
detrás de las barreras que levantan
muertos y vivos
cuando la escoria,
sus niños y sus pájaros
entonan un canto inesperado.
En la cuarta marisma de la tarde
exhibes tu desnudez.
Se desatan entonces
las bestias iracundas de la ternura,
los animales mordientes
que encierran las caricias,
los tuétanos mortales
de todos los orgasmos:
los antiguos,
los recién nacidos
bajo el ala del dragón enmohecido
que sostiene nuestros mundos
y murmura secretos azulinos
mientras mueren estrellas
nacen cielos
vuelan buitres
y asoma la luna del dolor.
GOCHO VERSOLARI
El universo que te habita (Sinfonía)





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